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jueves, 4 de abril de 2013


Creo que nada de lo que pasa en esta vida es fruto de una generación espontánea. Eso del creacionismo siempre me ha parecido una mentira que no tiene ningún sustento racional. Es un cuento de hadas que ya muy entrado el pensamiento moderno sigue permeando las conciencias. Creo que nada en mi vida es un producto independiente de las circunstancias. Y me pregunto muy a menudo la causa de que uno sea un ser humano y no un árbol o una banqueta, si se debe al azar el haber tomado forma en este cuerpo. Creo que siempre he existido, desde que hay universo, pero no en una forma humana, sino en lo que me conforma, que es la materia. Pienso, a menudo que lo que uno es, en esencia, no son sus pensamientos, esto es algo que viene de afuera y dentro de la mente puede transformarse.

Puedo perder un brazo, una pierna, mis propios pensamientos, y seguir siendo yo. El pienso luego existo no me convence. Intuyo que las cosas existen independientemente de que se las piense o tengan pensamiento propio. Claro que si tienen pensamiento conlleva que existan de otra forma muy distinta de un simple objeto inorgánico.

Yo nací en un tiempo y un espacio al que fui lanzado por el universo. No creo que el universo tenga conciencia. Me parece algo ingenuo eso de que cuando uno quiere algo el universo conspira para que se realice este deseo. Él no tiene neuronas ni intereses. En todo caso, esto puede servir como un mero placebo para que las personas se esfuercen en conseguir lo que quieren. Si uno se esfuerza y tiene confianza en sí mismo, es más posible que termine logrando su cometido.

Ahorita se me vienen a la mente las críticas que le hacían a Darwin y las caricaturas que publicaban para desprestigiarlo. Algunas son muy graciosas, tienen un humor muy cáustico. Me acuerdo que en el CCH Sur nos pidieron un trabajo sobre Darwin, y yo elegí ese tema: el de las caricaturas que se hicieron de él. Creo que lo atacaban porque el, si bien no tenía toda la razón, era un hombre muy valiente que se atrevió a ver más allá y sentó las bases de modernas teorías científicas. La Iglesia, como siempre, trató de desprestigiar el argumento de la selección natural y el hecho de que las especies variaban con el paso del tiempo. Esto contradecía la Biblia. Y las mentes muy dogmáticas no podían aceptar lo que ahora sabemos es un hecho científico: las especies no son inmutables ni han existido como las conocemos desde siempre. Creo que los que se creen literalmente la historia del arca de Noé son muy inocentes. Todas las especies del planeta no podrían caber allí. Ni siquiera todos los insectos, de los que se conocen millones de especies. Sólo cabrían, en todo caso, el material genético de las especies.

Creo que la Biblia, si bien es un relato interesante, no debe servir para regular las vidas de las personas. Es un error anacrónico el pretender esto. Con los avances que ha hecho la ciencia podemos darnos cuenta de que es la palabra del hombre, que es sujeta a error.  Y ha sido, también, un instrumento político desde tiempos de Constantino, que eligió de los escritos relativos a Jesucristo los que más se ajustaban a lo que él creía  útil, por así decirlo, a su modelo político. Cambiar a los dioses grecolatinos por el otro Dios no fue algo incitado por la fe.

Creo que me estoy apartando de lo que debería tratar esto. Algunas veces tengo un desorden mental y necesito tomar poco a poco las bridas de mi pensamiento. No sé a bien qué decir de mi- Las primeras cirugías que se me hicieron no las recuerdo. Pero estas debieron influir en mi comportamiento.
Mis experiencias en el Gea Gonzalez ha sido, por decir lo menos, aburridas y estériles. No creo que haya mucho que contar sobre ello. Uno ve casos difíciles de niños con síndromes extraños: niños con hicrocefalia, Síndroe de Apert. Los más usuales son los niños con labio paladar hendido, que son casos "menores" frente a otros verdaderamente complejos, que involucran no sólo malformaciones faciales, sino algunas otras corporales y anormalidades fisiológicas o/y retraso mental. No creo estar dentro de los últimos, pese a que algunas veces me han llamado estúpido u otras veces me hayan dicho genio. Ambas acepciones me parecen etiquetas que no me definen. Uno es un ser humano, unos más privilegiados que otros en algunos aspectos, pero no por ello menos valiosos. Es muy aburrido sentarse en la sala de espera de un hospital. La consulta no es en lo más mínimo agradable. Son días de limbo y anestesia, de añoranza de los bosques y las corrientes de agua. Días de guardar. Días en los que hace falta aire fresco, olor a desinfectante y guantes.


No me robará el tiempo este amor



Una torre de marfil en donde los unicornios beben el rocío. Siete candelabros rotos en la arena donde fui a buscar una mirada. Marchas interminables en torno a la misma gota que fue mi lágrima en tus manitas. Mi lágrima redonda como una esfera de hierro con texturas de nieve. El lodazal y las ventiscas amarrando al sol con mis suspiros y manos que al sol se estiran como cadenas que son incapaces de atarme. Las domaría el desierto y su arena abrasadora, o un vino derramado por los puentes de piel que no pude ver en tu ausencia de años.

Mirra, mirra por las esquinas y los adoquines bramando injurias a la perra divina. Soy una gran perra divina de ojos tragaluz y mártires rezando en el borde del asiento y los libros de poesía de los poetas salvajes que juré no imitar. Roña, mi perra, rabia en las rabietas de un niño a puños rasgando las ropas y escupiendo a lo estúpido a los coches y rameras. Barro y estiércol, furia y concreto en que rompo mi cráneo sediento de amor y nuevas esperanzas.

Hay una cripta en cada corazón y un cadáver sonriendo como una diva de ópera al final de la función, una sonrisa de saber que nunca más su aria sonará igual. La diva esconde su pena entre la multitud y se hace pequeña frente a los almacenes. Mi niña está sola llorando en la banqueta mientras la insultan los peatones y una anciana le da una torta para consolarla. Mi niña se ve las agujetas y le echa la culpa de su tortura. Sus zapatos sucios llevan el lodo antiguo de las correrías por Egipto, llevan la sangre seca de los moros muertos en la punta de España.

El vino de las profundidades te estaba llamando. Tú reposabas mirando la ciudad de Góndor inundada y a seres deformes rotos frente a tus pies. Me veías muerto a las puertas de la entrada de la ciudad, como un mendigo de etiqueta, profundamente plácido, con cempazúchiles coronando mis arias muertas y ya desafinadas. Roto un violín derramando vino hacia tu cuerpo inmóvil reposando en la playa. Esos gritos que escuchaste en la ribera era yo, esos gritos tímidos y vacilantes junto a las rocas, junto al túnel a plena luz y acantilados en que anidan brumas de oro y sopranos muertas de fibrosis quística. Los monumentos grandiosos las resguardan. Para que no roben sus cadáveres los hijos de los profetas, que timan al mundo con falsos milagros y vírgenes en papayas y en paredes.

Los derviches que giraban fueron rotos en mis propios dedos de espada. Esos que vi por televisión e imitaba en la Facultad. Pensando en ti y en la liberación del yo que soy tu que somos nosotros que hemos olvidado. ¿Por qué estás triste? ¿No me tienes confianza? Y las polillas vuelan en su propio centro. No voltean sus ojos y tapan sus naricitas de talco.

El sol filtra partículas, y en cada una está una imposibilidad. Es que levanto el aire y por más que intento no puedo hacer que me responda. Años de infamia y un renacer a destiempo. Yo hubiese deseado estar ahí en presencia de tu sangre, no requerir las olas del viento ni los vendavales del agua en tus oídos.

Y aunque no lo creas y esto parezca una tontería, esto es un poema de amor que nunca te entregaré.