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martes, 28 de mayo de 2013

Rimbaud escribía mejor que los profetas. Su Dios era más alto... la poesía


Embotamiento neuronal severo
en que rompe la clave en estallidos.
Ensordecedoras risas silenciosas
al unísono reptan mis ideas
y el cerumen carcomen de su entraña.

Penetrante silencio carapacho
ahoga mi asfixia con su saña.
La brida no suelta a mis razones
y no quiere dar pasto a las potrancas
que dieran vuelco raudo a mis sentidos.

Creció un manantial no deseado.
Bullen los serafines distraídos
por ese mismo sol que los consume
y los regaña con su fiero gesto,
con cinturón con lágrimas forjado
en una torre de esbeltez bribona,
de modestia pedante hasta la náusea.

Rompen las piedras en canguro pétreo.
Lo veo muy triste, con su larga cola
que le jalaba aquel huérfano alegre.

El agua tiene sed de los cristales.
Ladran los perros en la puerta infame
y el cadáver del mundo se le asoma
al paso de vecinos hideputas
que subastan en sórdidos burdeles
mis sueños de cascajo enamorado.

Un vapor caracólico rosado
se  persigue la cola que es su lengua
en rotura de ideas y muerte máxima,
en automática chanza, en broma enhiesta
que es el poema a la muerte del poema,
el que resiste en su escafandra umbría
la chanza ufana del banal mundillo.

La farándula ridícula y dilatada
con sus afeites hechos a medida,
con su robar miradas dilatadas,
con su publicidad siempre malsana
y su rotura irreparable y burda
en turbión de retazos de intereses
y tontería que inflama y que reduce
mis versos a ser flama de otra hoguera:
eremitas gemelos de dos sexos
que copulan con el mismo fluido
que el eterno retorno nos ilustra.

Soy Luces blancas, hembra que ha parido
un sinfín de recuerdos cáusticos
deglutidos por  esta antigua broma
del ser llamada muerte en que me asilo,
en que soy todo oídos a mi muerte,
sinfonía de gusanos inaudibles,
que taladran un mundo abandonado
al rincón de las conciencias sanas
que no son sino un modo de enfermarse
ante lo sano del chancro y de la buba.

Coliflores en néctares hirvientes.
De nostalgia brutal gris amapola.
Mi cerrazón mental en mar de nubes.
Mi estupidez, oh sílfide de baba,
batallón de bebés balbuceantes
al  buen vino de la Biblia bruta.

Niño sediento de la propia espuma.
Niño voraz que fue su propio espejo,
cadenas que lo atan a su sino,
cordero celestial que aúlla enmedio
del cuerpo masacrado de un Esteban
infante con los labios inflamados
por toda la humana cobardía
o amor insoportable, así le llaman.

Niño masturbador de la criatura.
Niño que a Cristo embriaga de hermosura.
La Santa Trinidad es un Tridente
que pincha los muslos del muchacho griego
que apuntala su lanza hacia lo alto
para a Jehová castrar en expedito.
Furiosas zorras, sodomitas santos,
por la Puta de Babilonia son paridos
para trabar batalla inmensa de balidos
corderificos y angelicales,
mas sin sustancia alguna de realeza
en la materia firme taladrada,
lanzan la espada contra el niño firme,
contra el muchacho ciego en una estatua
de hielo tenso, mas confiado hielo,
de fuego no, de algún aliento vasto
que le insufló un dragón esperanzado
que raptó a las princesas transexuales
el día del mito y los profetas falsos,
el día de Juan, de Lucas, de la farsa.

Pero el muchacho tiene de su lado
a los santos más sucios y más santos,
santos hechos de barro tan pulido,
de sangre machacada en una concha
sobre el mismo pubis de Afrodita
hechos a golpe de martillo seco,
al ritmo de cánticos esdrújulos,
de agua tan densa, mineral arcaico
más hondo que los jodidos años
de la puta Creación de siete días.
Se la meta Jehová donde le quepa.

Un porvenir de luces y de escoria,
templo a la aberración, la tumba ilustre,
un paraíso plástico de crimen
recortado de la ignorancia humana,
fabricado de sentimientos ciegos
de lepra intelectual con que se mide
la ingenuidad inmensa de lo humano.
Roncan los chanchos en el lodo humano.
Bullen mosquitos del semen humano.

Danzan libélulas en torno al hombre
y no las vemos, mudas, espectantes,
y nos arrodillamos a Su Imagen
y Semejanza obscena. Yo lo huyo
y me orino en el rostro del Señor,
le presto mi bandera cual pañuelo
para limpiar mis opiniones justas.

Dios en incesto con el mismo Cristo.
Dios en interminables aleluyas.
Dios filicida hijo de una puta
llamada Santa Madre Iglesia,
que ni es Santa, cual los poetas son;
ni es madre, cual las madres lo son;
y tal vez ni es siquiera Iglesia,
sino una ramera con nombre elegante
que le gusta encular con el rosario,
a cuanto aquél se cruce en el camino.

Sueño fingido roba al propio sueño
su halo de luz original
e instaura un pecado regateado,
un pecado pirata y deficiente,
y la manzana sella con su pulso,
muy débil, mas constante y frío,
de gota de aceite envenenado
en el cráneo de la razón humana.

Yo giro en humo por mi propia senda
en remolinos lácteos del sopor
donde truenan las plumas cual relámpagos,
donde las caracolas zumban arias
hechas para mujeres de cinturas
mas breves que las límpidas avispas
y sus casas de cera empapelada.

Voy a un castillo de uñas, a una casa de escamas
acorchadas que me aíslen del ruido de la sombra,
que me aíslen del raudal de una gota de aceite
que ha contaminado un mar de ideas.
Voy a soñar ya pronto con mi muerte.
Voy a morirme pronto, como en sueños.
Voy a hacer un ensayo de mi muerte.


Guanábana de horror entreabierta a los aleluyáticos gusanos. Este mundo es concierto de semillas resbalando por la vulva de la fruta. Yo no escucho ya su eterno lamentar al esparcirse bn la tierra, ni el crepitar del árbol sin fruto, maldecido por el Cristo. Jesús, enfurecido, tiró las mercancías fuera del templo y se enfrentó al Dios del capital. Este se enfureció a su vez y condenó su religión a ser esclava de la mercancía. Aleluya, alegraos, mercaderías. Regocijáos de las limosnas y los negocios redondos del Vaticano.

A veces estoy confundido a más no poder. Es tan dificil estar concentrado en algo que pueda resultar razonable, o al menos que valga la pena. Siempre me distraigo y no encuentro un momento de paz entre tanta turbación. Semanas en que no hablo casi nada y me limito a escuchar, sólo a escuchar el réquiem eterno del mundo, con su oscuridad de fruto amargo, con sus percusiones craneales. Amarás al mismísimo Cristo en tu propia cabecera. Está adaptado a la recitación pausada. La letanía se acendrará en tu lengua como una babosa. Los criminales más hediondos esconderán en tu rezo estúpido sus nefandos errores. Las bellotas se mecían en la oscuridad. Un olor a shampoo barato o a verso escuálido saltaba a chorros. Solo eran claras mis preguntas.

Siempre existen más preguntas que respuestas. El sueño extático me pregunta muy a menudo la causa de mi pasividad suprema y el tronido implacable al que no puedo domar a pesar de apretar los dientes contra el cinturón. Es un enigma que no resolveré, o estoy muy joven, el universo es joven, más que el pretendido progreso con su corbata pulcra y su interior lleno de mierda corrupta. El progreso como el suicidio del mundo, como una causa fallida y obscena.







¿Cómo no recordar ese noviembre, cuando fui, emocionado, a reencontrarte. Se me vienen los aromas de los cempasúchiles, esa voz del contratenor malo al que odiaba escuchar: un sujeto con voz natural de barítono- tenor pero con un falsete que era más una falsificación que una emisión de notas. Me irritaba. Te recordaba a ti en esa esquina, esperando no se qué microbús, con un gesto tan serio.  Y luego la clase de Latín en curso. Otoños en cenizas yo hecho y la maestra guapa de la que un día dije: "no es mi tipo".

Te amo tanto, me causas el mundo entero.

Recuerdo la carta que le escribió Rimbaud a su amante, suplicándole que no lo dejara, esa tristeza depredadora y suplicante que hay en ella, es la misma que no alcanzo a repetir en este momento, pero queprobé en su extensión macabra ese día de desencanto. "ese día de sangre envenenada. Inútilmente el alba enamorada quiso en ti disolver su atroz premura"

Ese día yo estaba tan profundamente emocionado por que me reencontraría contigo. Estaba yo trasfigurado de amor y no hice caso de mi razón, que estaba en el sótano más profundo del ser, secuestrada como en el poema de Sor Juana, plagiada, fugada en una pieza mal temperada. Las texturas vaselínicas del amor, la textura de tu mirada mas vasta que todas las iluminaciones posibles. Rompo una y otra vez en sacrificios delante de la roca de tu recuerdo.

A veces, cuando estoy solo, recuerdo cómo cantabas. Te llegué a escuchar alguna vez cantando en inglés no sé que cosa. Pero había algo tan bello en tu voz, esa voz con la que me hacías preguntas. Esos labios que si bien no sonreían a menudo, tenían siempre mi oído de remanso.

Todo se reducía a una serie de pequeños actos. Eras muy inteligente y te diste cuenta, de que en esos pequeños actos me descuidaba y traslucía cuánto yo estaba enamorado de ti. Lo sabías y te sentías con orgullo de eso. Cuando estaba tomándote una foto en la jardinera, una amiga tuya te preguntó porqué lo hacía. "Es que le gusto", dijiste con una especie de alegría, tristeza y satisfacción. A mi me daba pena que tú lo supieras. No quería molestarte con cosas de ese tipo. Fui timado por el mundo, te lo confieso. Y en ese timo te me fuiste tu y se me fue Vanesa, si es que así se llamaba la otra chica, la que se reía todo el tiempo. La que cuando me le declaré dijo: "Espera, espera" Y cada vez que me veía reía o me miraba de reojo. Soy un ser muy extraño y ella no podría comprenderme. Tal vez tú lo hiciste a momentos. Tu compañía me bastaba. Como quisiera ir a ese tiempo y reparar todo aquello que no debió ser. Remediar La Chingadera y tomar tu mano cuando me la estiraste para que saltáramos la barda y fuesemos al jardín botánico. Yo confiaba en ti. No quería perderte. Sólo me abstuve. Y no fue bueno.

Canté una pieza de tango pensando en los eventos tan contradictorios de nuestras vidas. Pensar que he soñado muchas noches contigo. Que tengo una clase y de pronto apareces, resucitado del tiempo, estás sentado frente a mi y yo no sé qué decir. Una vez soñé que bajabas por unas escaleras interminables y laberínticas. Yo caminaba, muy normalmente, te vi bajar de la escalera y todo se nubló de repente. Sentí la crudeza de todos los inviernos. Estabas de nuevo allí, suicidio que llevara a cabo. Te seguía pero te perdías o te escabullías dentro de bosques y veredas retorcidas. Nesta rúa, nesta rúa...

A tal vez nadie pueda interesarle esto. Sé que a nadie le interesan los recuerdos de un sujeto millonario es desventuras. Mejor escuchen Bach y piérdanse en su hermosura. Ya que todo está hecho para perderse. Lo que se recupera volverá a su tumba de extravio a reposar del cansancio existencial.


Tengo tantas cosas para contarte. Ya no sé ni siquiera cómo piensas. No sé tu vida mas que indicios vagos. Te dibujo en mi imaginación junto a mí. Los dos en calma, los dos sujetos del mismo destino. Destin avaro, mas nuestro.